Recibí nuestros últimos artículos por mail



Inicio Espacio de los padres Historias de vida TGD - La historia de Constantino
TGD - La historia de Constantino

Compartir este artículo

El pediatra de Constantino siempre me preguntó si estaba segura que me miraba a los ojos aclarándome que era una de las primeras señales de autismo.
Apenas empezó a caminar, nos derivó a una neurolingüística. A los pocos meses, el pediatra insistió que fuéramos a ver a un neuropediatra.
Ni bien pusimos un pie en el consultorio me preguntaron si me había dado cuenta que no miraba a los ojos. No falto mucho más para saber de qué se trataba.

Para los dos años ya teníamos un diagnóstico de TGD confirmado, y Constantino empezó sus terapias con una excelente evolución.

Constantino siempre mostró señales de alarma. Fue prematuro, aunque no tanto, y muchas cosas las atribuíamos a eso. Nunca lloró, no pedía comer, no levantaba los brazos cuando nos veía, le daba lo mismo cualquier persona. Creo que mostró todos los signos de TGD: actuar como si no escuchara pero taparse los oídos con ciertos sonidos, no señalar, no saludar, no se interesaba por nada, no jugaba a nada, no hablar, estereotipias, jugo repetitivo, y así podría seguir.

Salvador, que también fue prematuro, tuvo un desarrollo como el de cualquier bebe. Cerca de los 10 meses empezó a darse golpecitos con sus manos en la cabeza, o sacudirla de lado a lado. Tampoco lloraba con las vacunas y ya sabíamos que no significaba que fuera valiente. Empezó a hablar enseguida, y nos tranquilizamos. Aún así, no dejamos de consultar con la neuropediatra de Constantino.

Fueron apareciendo otros detalles: head bouncing, aleteo, no dejarse tocar, atraso en el desarrollo del juego, ni tolerar la cercanía de otros chicos, ecolalia, cabezazos contra el piso, baja tolerancia a la frustración, inflexibilidad, etc.
Tiene 20 meses y un diagnóstico presuntivo de TGD leve con coeficiente intelectual elevado, esperando su confirmación.

No sé si nuestra experiencia pueda ayudar a alguien. Sé que mis hijos tienen un buen futuro por delante, y sobre todo, que tienen un excelente presente. Siempre vamos a estar agradecidos con los médicos que nos atienden y con todo el equipo terapéutico que nos acompaña, por el respeto y amor que tienen hacia mis hijos. Nos han enseñado a ver el mundo cómo ellos lo perciben y a pensar como ellos; eso nos permitió establecer un vínculo único con nuestros hijos.
Siempre una Sonrisa

Marina, Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla >