| TGD - La historia de Constantino |
|
El pediatra de Constantino siempre me preguntó si estaba segura que me miraba a los ojos aclarándome que era una de las primeras señales de autismo. Para los dos años ya teníamos un diagnóstico de TGD confirmado, y Constantino empezó sus terapias con una excelente evolución. Constantino siempre mostró señales de alarma. Fue prematuro, aunque no tanto, y muchas cosas las atribuíamos a eso. Nunca lloró, no pedía comer, no levantaba los brazos cuando nos veía, le daba lo mismo cualquier persona. Creo que mostró todos los signos de TGD: actuar como si no escuchara pero taparse los oídos con ciertos sonidos, no señalar, no saludar, no se interesaba por nada, no jugaba a nada, no hablar, estereotipias, jugo repetitivo, y así podría seguir. Salvador, que también fue prematuro, tuvo un desarrollo como el de cualquier bebe. Cerca de los 10 meses empezó a darse golpecitos con sus manos en la cabeza, o sacudirla de lado a lado. Tampoco lloraba con las vacunas y ya sabíamos que no significaba que fuera valiente. Empezó a hablar enseguida, y nos tranquilizamos. Aún así, no dejamos de consultar con la neuropediatra de Constantino. Fueron apareciendo otros detalles: head bouncing, aleteo, no dejarse tocar, atraso en el desarrollo del juego, ni tolerar la cercanía de otros chicos, ecolalia, cabezazos contra el piso, baja tolerancia a la frustración, inflexibilidad, etc. No sé si nuestra experiencia pueda ayudar a alguien. Sé que mis hijos tienen un buen futuro por delante, y sobre todo, que tienen un excelente presente. Siempre vamos a estar agradecidos con los médicos que nos atienden y con todo el equipo terapéutico que nos acompaña, por el respeto y amor que tienen hacia mis hijos. Nos han enseñado a ver el mundo cómo ellos lo perciben y a pensar como ellos; eso nos permitió establecer un vínculo único con nuestros hijos. |