Recibí nuestros últimos artículos por mail



Inicio Espacio de los padres Historias de vida Síndrome del Vómito Cíclico - La historia de Felipe
Síndrome del Vómito Cíclico - La historia de Felipe

Compartir este artículo

Ni bien empecé a amamantar a Felipe me pareció raro la frecuencia y cantidad de leche que regurgitaba. Como madre primeriza, me decían que exageraba hasta que compartían unas horas con nosotros. El pediatra lo trató con Moperidona y Pulsar como si fueran vómitos. Pero no eran vómitos a chorros, eran cuajadas de leche que salían de las comisuras de su boca por una hora después de comer. Felipe dormía mal, entrecortado de noche, e incluso de día lo acostaba en el bebesit para las siestas por temor a que se ahogara con su regurgitación. A los 6 meses y ante mi insistencia el pediatra nos derivó a una gastroenteróloga infantil. Tras una ph-metría de 23 horas, se le diagnosticó reflujo gastro-esofágico patológico severo. Lo medicaron con Cisapride y ranitidina. Cuando tenía 1,5 años, el cuadro de regurgitación derivó un día en vómitos, constantes, cada hora como si fuese por reloj. Tras intentar medicarlo y rehidratarlo en casa sin éxito, lo internamos con un cuadro de gastritis severa.

Exactamente 6 meses más tarde, otra internación con un cuadro similar. Y una tercera a los 2,5 años. A mí me llamaba la atención de que vomitara con una frecuencia como controlada por un reloj, y que la secuencia se interrumpiese cuando descansaba. Si este ataque era cada 30 minutos, unos minutos antes observaba como comenzaba a tener espasmos abdominales y luego se desataba el episodio de vómitos.
 

Después los episodios se distanciaron cada año, luego cada año y medio, pero siempre de la misma manera llegaba a la internación: por un cuadro de vómitos que provocaba deshidratación. Se solucionaba con hidratación y medicación endovenosas. Así llegamos al Dr. Kenny quien nos explicó que Felipe padecía del Síndrome de Vómito Cíclico, supuestamente provocado por un desequilibrio entre los sistemas simpático y parasimpático que controlan los ritmos de nuestros órganos, entre otras cosas. Por una razón desconocida, el simpático domina al parasimpático que no puede frenar los estímulos que este envía al estómago, y provoca los periódicos vómitos secuenciales. Y los cuadros son severos en bebés y niños pequeños porque todavía el aparato digestivo no ha madurado hasta su forma y ubicación finales en el cuerpo.
 

Tras varias internaciones, cuando Felipe tenía 8,5 años, hicimos un intento de no hospitalizarlo, hidratándolo apenas con una gasa húmeda fría en los labios por un par de días y controlando su nivel de deshidratación, sin medicación, y una abstinencia total por vía oral, para que solo su cuerpito se equilibrara; y en el tercer día después de una siesta más larga de lo común, superó el ataque. Fue su último episodio.
A partir de allí, superó ese desequilibrio gástrico difícil de explicar; pero comenzó a sufrir de bronco espasmos. Pero eso ya es otra historia.
 

Silvina
Contacto: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla