| Discalculia: Como descubrí la discalculia. |
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Historia de P. y como se descubre la discalculia P. nació al final de 1999. Tuvo un desarrollo normal. Ya en jardín parecía que no manifestaba gran interés por los números y a los cinco años el médico me recomendó que la hiciera jugar con dados, para ayudarla a contar. Nunca nadie me hizo ninguna observación hasta que llegamos al segundo grado y la maestra se dio cuenta que las operaciones de resta le costaban trabajo y me pidió que practicara más con ella. Por suerte, así lo hicimos e incluso hubo algunos resultados positivos, pero al tiempo volvía a cometer errores o se olvidaba lo que yo le acababa de explicar. Pero lo más curioso era que carecía de lógica, que llegaba a conclusiones arbitrarias o se quedaba con la boca abierta sin entender nada. Ahí, fue cuando mi instinto de madre me dijo que algo no andaba bien con ella y empecé a informarme en Internet y descubrí que existe la discalculia. ¿Cómo describir la discalculia? Da la impresión de tratarse de una falta de maduración para las matemáticas, pero en realidad , se trata de casos en los que el cerebro no consigue realizar las conexiones neuronales para llevar a cabo las operaciones básicas, siendo la resta y la división las más difíciles. Los niños con discalculia presentan, a veces, algunos otros problemas: dificultades para distinguir izquierda y derecha, poca orientación espacial, escasas capacidades visuales. o incapacidad para leer la hora. Lo peor es que cuando uno no es bueno en matemática se da cuenta de que los otros niños comprenden lo que ellos no consiguen y comienzan a sentirse desvalorizados, afectando su rendimiento escolar en general y a somatizar (dolores de estómago, cabeza) o a querer faltar a la escuela para evitar enfrentarse con el fracaso escolar. El niño con discalculia que no es tratado puede ver afectada también toda su vida social (al no tener la confianza de expresar sus problemas por miedo a ser tildado de tonto). A pesar de que se calcula que un 4% de la población mundial sufre de discalculia, el tema todavía no tiene su reconocimiento en los ámbitos educativos y científicos. La discalculia no tiene cura, pero sí tratamiento. Como no vivimos en Argentina, desconocemos a quién dirigirse. En nuestro caso, un psicólogo especializado hizo un test específico para analizar todas las competencias matemáticas de nuestra hija y un test de inteligencia para evaluar el grado de discrepancia entre los dos test (claro que se trata de chicos con inteligencia normal o superior). Una vez que se tienen los resultados se hace una terapia individual que tiene por objetivo estimular conexiones cerebrales alternativas que permitan poner al niño en condiciones de llevar a cabo una vida normal (saber recibir vuelto o leer la hora) y al mismo tiempo trabajar los aspectos psicológicos relacionados con la autoestima. Quien quiera recibir más información puede contactarme a través de Red de Amor:
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