| Columna de Marielí Ríos |
Columna de Marielí Ríos
¿Por qué a ellos? Con esta pregunta comenzó el ‘e-mail’ recibido tras la publicación de mi primera columna. ¿El autor? Un compañero de lucha de Argentina a quien conocí en mi viaje a Cuba en busca de tratamiento para mi hijo. En el mensaje me escribe, “hay una pregunta que hasta hoy nadie me puede contestar: ¿por qué a ellos? Alguien me dijo que Dios los elige porque son personas buenas, pero si es así: ¿por qué este sufrimiento?” Este mensaje me sacudió y me hizo vibrar, pues volví a recordar el sentimiento de impotencia que experimenté cuando me dijeron que mi hijo podía tener Distrofia Muscular. Reviví el momento cuando me hice la misma pregunta, ¿por qué a él? Pero al igual que antes con esa situación, decidí ahora enfrentar esta pregunta y utilizar el mensaje para escribir esta columna. En un proceso de introspección, cuestionamientos y búsqueda, encontré un libro llamado: Cuando a la gente buena le pasan cosas malas. El autor es un rabino que perdió a su hijo por una enfermedad y decidió encontrar una contestación al por qué de la muerte de su hijo. En el libro él nos comenta sobre las dudas y temores que surgen cuando una tragedia nos golpea a la puerta. Nos ofrece pensamientos que nos pueden traer consuelo en momentos difíciles. Comparto algunos de éstos: • Todo lo que podemos hacer es elevarnos más allá y trascender la pregunta de por qué nos ha sucedido algo y preguntarnos qué podemos hacer ahora que ha sucedido. • Quizás la pena y la angustia no estén equitativamente distribuidas en el mundo, pero la difusión es muy amplia. Cada uno recibe su cuota. Si conociéramos los hechos como son, difícilmente encontraríamos alguien a quien envidiar. • La pregunta que deberíamos formularnos no es, ¿por qué me sucedió esto a mí? Esta, se centra en el pasado y en el dolor. Una mejor sería: Ahora que esto me ha ocurrido, ¿qué puedo hacer al respecto? Esta nos abre las puertas del futuro. • La vida debe ser vivida por algo, no contra algo. • No es ver de dónde viene la tragedia, sino a dónde nos conduce. Lo importante es la reacción de nosotros ante esas situaciones. • El amor no es la admiración de la perfección, sino la aceptación de una persona con todas sus imperfecciones, porque amarle y aceptarle hace que seamos mejores y más fuertes. Me di cuenta que al igual que el autor, mi norte siempre ha sido enfocarme en todas las virtudes y fortalezas que tiene mi hijo y no en lo que le falta. Decidí que lo enseñaría y lo educaría para aceptar su realidad y que así pudiera ver en sí mismo todo lo que puede hacer y no en lo que no puede. Le he enseñado a dar gracias a Dios por todo lo que tiene y a vivir en abundancia. Esta experiencia no me ha quitado, por el contrario me ha llenado de madurez y de sensibilidad. Me ha enseñado a apreciar los detalles pequeños de la vida y a ver en mis semejantes, seres que sienten y luchan al igual que yo. Esto ha marcado a mi familia y nos ha unido. No pido vuelta atrás, sólo doy gracias a Dios por mi hijo… porque con su fuerza me ha hecho fuerte y con su valentía me ha hecho valiente. Si deseas compartir tus experiencias, tienes preguntas o sugerencias, puedes escribirme a: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla |